Revista Esportilla 139


Junio 2020

EDITORIAL

No hay fe ni confianza en Dios si pretendes adivinar el futuro o te preparas para ello.

Prácticamente todas las religiones han desarrollado formas de predecir el futuro. Pero en el caso de esta pandemia, ni siquiera el profetismo, en todo su esplendor en tiempos de los Reyes de Israel, hubiera sido capaz de extender sus predicciones a la
Humanidad entera y en todos los confines de laTierra.

Dice Benedicto XVI que el futuro es la indicación del camino que lleva al autentico “éxodo”, que consiste, en que en todos los avatares de la Historia hay que buscar y encontrar el camino que lleva a Dios.

Pero hay que reconocer nunca ha sido tan difícil, cuando el mismo presente con su aplastante realidad dibujaba un horizonte tan veraz sobre las limitaciones humanas frente a un virus que, en su pequeñez, ha dado a conocer la necesidad de la grandeza de Dios.

Fue el pueblo de Israel en el desierto, quién se quejaba con insistencia y clamaba: “Parece que Dios ha abandonado a su pueblo”. Pero es justamente, en esos momentos, cuando el ser humano se llena de inquietudes, cuando la pregunta aparece con más fuerza: ¿Se puede deducir que esta pandemia nos ha puesto frente al rostro de Dios, descalzos y con miedo, por las innumerables limitaciones del ser humano?

Su Hijo en su humanidad nos responde con su vida y nos remite a su experiencia con el Padre. Constatado queda que el bautismo de Juan incluía una confesión de los pecados, entonces el reconocimiento de nuestra debilidad y autosuficiencia como
“pecado” nos pondría en el paso previo al bautismo, punto de partida para inaugurar una relación desde la más absoluta humildad con Dios, y solo actuando desde lo más profundo de nuestra alma podríamos cambiar la Historia de la Humanidad.

Jesús nos enseñó en su vida pública a vivir con un Padre positivo y práctico, esto quiere decir que en una historia como en la que vivimos, llena de muerte y desolación nos enseña a desarrollar la creatividad en beneficio del más débil, a no salir de casa, pero ayudar a cientos de personas, sin necesitar dinero, solo tu esfuerzo y tiempo.

Incluso adquirir el compromiso diario de aplaudir unánimes a quién entrega la vida por el enfermo, esto en definitiva nos da el derecho de confirmar que “DIOS TODAVIA CONFIA EN QUE CAMBIEMOS LA HISTORIA”.


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno