SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD


La vida cristiana tiene un misterio central, “La Trinidad”. Dios nos muestra que es una familia, que nosotr@s somos sus hij@s. Dios amor nos hace participar de las tres personas divinas. Dios es comunión porque Él nos invita al banquete verdadero que nos da vida eterna; es un alimento donde se desborda y se revela el verdadero amor, un amor que se convierte en servicio a los demás.

Contemplemos en las lecturas a Dios Padre. Nos vuelve a recordar algo que olvidamos una y otra vez. Dios sólo es Amor y su gloria y su poder consiste sólo en amar. “El Señor es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí en la tierra; no hay otro dios fuera de ti” (Dt 4, 32-34. 39-40). Para nosotr@s, la gloria siempre es algo ambiguo y nos sugiere renombre, éxito por encima de todo, triunfo sobre l@s demás, poder que puede con los otr@s. La gloria de Dios es cantar como el salmista, “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotr@s, como lo esperamos de ti” (Sal 32, 4-5) Dios sólo es amor y, precisamente por eso, no puede sino amar. Dios no puede manipular, humillar, abusar, destruir. Dios sólo puede acercarse a nosotr@s para que nosotr@s podamos ser nosotr@s mism@s.

Es muy grande el regalo que tenemos, “habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “¡Abba!”- Padre – (Rm 8,14-17).  Nosotras al igual que nuestro Padre Cristóbal glorifiquemos al hermano “En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. (Mt 28, 16-20)

El domingo pasado finalizamos el tiempo Pascua, con el envío del Espíritu Santo, la fuerza que Dios nos da gratuitamente para dar testimonio de nuestra vida. Dios no está lejos. No se olvida de su Promesa. Dios nos enseña a formar una comunidad de amor.

Para comprender esto te invito a contemplar la imagen de la Santísima Trinidad. Como dice el Papa Francisco, “no es el producto de razonamientos humanos, el rostro con el que Dios se ha revelado a sí mismo, no desde lo alto de un trono, sino caminando con la Humanidad”.

Si amamos a l@s demás, la misma alegría de amar nos lleva a ser reflejo de la Santísima Trinidad, el verdadero amor ilimitado que sabe salir de si al encuentro del hermano, con respeto y libertad. Un ejemplo claro lo tenemos en nuestro Padre Cristóbal.

Celebremos con gratitud y confianza esta fiesta pidiendo por las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno Franciscanas para que la Santísima Trinidad nos ilumine y fortalezca en nuestra misión. Y cómo decía el Padre Cristóbal: 

“ALABADA SEA LA SANTÍSIMA TRINIDAD”


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno