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Don de Dios para la Humanidad

Don de Dios para la Humanidad


El agua, por ser líquido vital para nuestra supervivencia, se convierte en don de Dios, pues en y por ella se sustenta la vida, es la que se cuela por el interior de infinidad de especies, quienes a la vez sostienen a la humanidad, y nos mantiene interconectados,

¡Qué gran regalo nos dio papito Dios!, por ello se ensancha nuestros ser y agradecidas invitamos a orar por nuestra hermana, agua que es útil, preciosa, humildad y casta; para que sea protegida, valorada y custodiada por toda la Humanidad.

Un día como hoy 22 de marzo de 1992 la ONU, en la celebración de la Conferencia de la Naciones Unidas, sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, realizado en Rio de Janeiro, proclaman el “Día Mundial del Agua” considerando que su existencia es fundamental para el desarrollo y la paz mundial.

Este año tiene como lema “Aguas subterráneas, hacer posible lo invisible”, se centre en este recurso hídrico de suma importancia, pues “las aguas subterráneas en muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extractivas, agrícolas e industriales, sobre todo en los países donde no hay una reglamentación y controles suficientes. (LS.29). Por ello es urgente acentuar su protección y promover el equilibrio de las extracciones y la capacidad de renovación y mejora de su estado ecológico.

Por ello la iglesia católica en el compendio de la Doctrina Social Nº 484, exhorta” El principio del destino universal de los bienes, naturalmente, se aplica también al agua, considerada en la Sagrada Escritura símbolo de purificación (Sal 51,4; Jn. 13.8) y de vida. Como don de Dios, el agua es instrumento vital, imprescindible para la supervivencia y, por tanto, un derecho para todos “La utilización del agua y de los servicios a ella vinculados debe estar orientada a satisfacer las necesidades de todos y sobre todo de las personas que viven en pobreza. El acceso limitado al agua potable repercute sobre el bienestar de un número enorme de personas y es con frecuencia causa de enfermedades, basta recordar estos dos últimos años de pandemia, donde la precariedad y escases de agua estuvo a la orden del día, acentuándose más sufrimientos, conflictos, pobreza e incluso la muerte.

Ello implica que el control del “oro azul”, por parte de grandes empresas mundiales, se convertirán en una de las principales fuentes de conflictos en este siglo. Conocemos bien la imposibilidad de sostener el actual nivel de consumo de los países más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza.

Esto debe llevarnos a cuestionar la manera cómo está protegiendo y utilizando el agua, como recurso de todos para todos, pues es fácil que abramos la llave y no llegue a la casa. Pero, ¿hasta dónde yo siento la necesidad de cuidar algo que aparentemente no me falta?, ¿Y si, es propiedad de todos, no será que en últimas no es de nadie? Sin embargo, cada día nos enfrentamos a un problema mundial silencioso donde se agota el agua, gota a gota, que si la dejes correr no la beberá.

¡Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana agua!