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I Domingo de Adviento: La mano que acompaña en la noche

I Domingo de Adviento: La mano que acompaña en la noche


PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO

“Velen y estén preparados”:

La mano que acompaña en la noche

Testimonio desde la misión de las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno Franciscanas en Bonao – República Dominicana

El Adviento vuelve a encender en la Iglesia la llama de la esperanza. Es tiempo de vigilancia, de espera activa, de corazón despierto. Pero para las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno Franciscanas, esta invitación no es solo un lema litúrgico: es una forma de vida diaria, una misión hecha de noches extendidas, de pasos silenciosos y de manos que acompañan.

En nuestro Hogar de ancianos de Bonao, en República Dominicana, esta verdad se hace carne en la historia de una abuelita que, para dormir, necesita algo más que una pastilla. Necesita una presencia. La mano de la hermana que la acompaña.

Cada noche, cuando en nuestro Hogar se  guarda silencio, la hermana se acerca a su cama. Le ofrece la medicación que la ayuda a descansar y, antes, con cariño maternal, le entrega una pequeña golosina que ilumina su rostro arrugado. Pero lo que realmente sostiene su descanso es la compañía. No puede dormir hasta sentir aquella mano amiga que se ha vuelto su puerto seguro. Por eso, la hermana no se retira hasta verla cerrar los ojos. 

 Y si, por alguna circunstancia, la hermana no está, la abuelita emprende su búsqueda por toda la casa.

Ese gesto sencillo es, para nosotras, la imagen más pura del Adviento.
Porque Adviento es velar. Adviento es estar preparadas, Adviento es permanecer despiertas, no solo con los ojos, sino con el corazón.

Así viven las Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno: velando a Cristo en nuestros abuelos, esperando su paso en cada necesidad concreta, encontrando su rostro en cada mirada cansada. Nuestro Adviento es cotidiano, silencioso y encarnado. Se manifiesta en los corredores de nuestro hogar, en las manos que sostienen, en la paciencia que abraza, en la ternura que no descansa.

Hoy, que comenzamos el camino del Adviento, recordamos que Cristo llega cada noche, en cada persona que espera una mano amiga, en cada hermana que vela sin cansarse.
Y comprendemos que prepararse para su venida no es solo encender una vela en la corona; es encender el corazón para ser luz en medio de la fragilidad.

Que este Adviento nos encuentre así: velandosirviendo y esperando, con la certeza de que en cada gesto de amor, Jesús ya está llegando.