NACIDA PARA SERVIRTE


Se preguntaba la Hermana Elena en la fiesta de aniversario de sus 25 años de vida consagrada: ¿COMO PODRÉ PAGARTE, MI SEÑOR, TODO EL BIEN QUE ME HAS HECHO?.

Pero… ¿Cómo podremos pagarle nosotras a ella todo el bien que nos hace diariamente?

Organizamos una maravillosa fiesta, se celebró una Eucaristía donde fue la hermana Elena quién pronunció la homilía, pasamos un día inolvidable en compañía de los sacerdotes y de las niñas del Hogar.

Pero… como olvidar, que todo eso fue un solo día, que la Hermana Elena lleva 25 años sirviendo a Dios incansablemente, porque para la hermana Elena no hay nada que no pueda hacer, no hay nada que le cueste trabajo, pero, sobre todo, no hay comunidad donde esté, que su servicio no sea otro, que el trabajo, desde la más absoluta humildad.

Cuanto se aprende de quién nunca pronuncia palabra de descontento ante ninguna situación por muy difícil que sea.

La Hermana Elena es fácil reflejo de un Simeón, ella en la gracia de Dios, ve su vida colmada de dones, y ya no espera nada más, en esa gracia, ella ya está en paz, pues como Simeón ella ve a Jesús en los pobres, por eso, en su pobreza, sus manos nunca están vacías, sostiene como el anciano, a Jesús, en los más necesitados.

El Papa Francisco dice: “que quien sabe ver ante todo la gracia de Dios descubre el antídoto contra la desconfianza y la mirada mundana”.

Pues esa es la mirada de nuestra Hermana, siempre confiada y siempre especial, preparada para servir, y cortas son sus piernas, pero corre como gacela, para servir desde el más pequeño detalle.

Por eso quién tiene la mirada siempre en Jesús, aprende a vivir para servir.

¡FELICIDADES, HERMANA ELENA, PERO, SOBRE TODO, GRACIAS, PORQUE TU SERVICIO ES NUESTRO MAYOR EJEMPLO!

  


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno