Abuelas y abuelos, nuestra memoria


La figura de las abuelas y abuelos ha cambiado mucho en estos últimos años. Siguen siendo quienes miman a nietas y nietos, pero su papel como co-educadores ha crecido.

A muchas familias les sería imposible atender a sus hijas e hijos sin la ayuda imprescindible de abuelas y abuelos, que renuncian a una vejez tranquila, para volver a cambiar pañales, educar en la mesa, recoger a las niñas del colegio, dar comidas, y meriendas,… y a veces, incluso cenas.

Pero no solo eso. Son además el nexo de unión con nuestra historia familiar, con el pasado de nuestras familias. Son la memoria viva de nuestro pasado. Nos dicen de dónde venimos. Sin esa información, es difícil aventurar nuestro futuro o el a dónde iremos.

Las recetas de la abuela, sus remedios, las batallitas del abuelo, sus historias, sus vivencias, su experiencia vital… todo eso conforma la personalidad de las personas que somos nietas.

También son personas frágiles, a las que debemos cuidar. A veces no nos he posible cuidarlas en casa, pues su estado sobrepasa nuestros conocimientos y vemos que solo con el amor no es bastante, que además necesitan atenciones especiales y dedicación completa. Y recurrimos a centros e instituciones en las que confiamos y a las que confiamos a una parte importante de nuestra familia.

Hoy recordamos a la abuela y al abuelo de Jesús. Jesús como mucha gente no conoció a sus dos abuelas y sus dos abuelos. La tradición solo nos trae el nombre de dos de ellas, Ana y Joaquín, madre y padre de María. De los de José, no sabemos nada. La tradición dice que José era mayor y es posible que cuando se unió a María ya no los tuviera cerca. También en esto, Jesús quiso ser igual a nosotras: en su familia faltaban miembros.

Pídamos hoy al Señor por nuestras abuelas y abuelos, para sigan mucho tiempo a nuestro lado y para que siempre tengan un rincón en nuestro corazón. Y para quienes los tenéis cerca, tengamos hoy un gesto de cariño con ellas: un dibujo, una flor, un abrazo, un beso,… Preparemos hoy el cocido como lo hacía el abuelo. Escuchemos una vez más las historias de cuando la abuela era pequeña. ¿O era al revés?


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno