Bodas de Plata de la Hna. Dora Álvarez


El pasado 24 de julio, la Hna. Dora Álvarez celebró con gran alegría sus veinticinco años de vida consagrada. Con este motivo nos ha transmitido estas palabras: 

Quisiera iniciar esta breve reseña de los veinticinco de mi vida religiosa en la Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno, Franciscanas, recitando la oración de San Francisco de Asís ante el Cristo de San Damián:

Oh alto y glorioso Dios,

ilumina las tinieblas de mi corazón.

Dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor,

para cumplir tu santo y veraz mandamiento (San Francisco de Asís).

Dios por puro amor, se fijó en mí. Desde muy pequeña me llamó para estar más cerca de Él y compartir su misión, pero este camino no fue tan fácil. Encontré muchas piedras que casi me hacen caer y dar marcha atrás. Así fueron pasando los primeros años de mi etapa de formación inicial, hasta que llegue a decir sí, emitir mis primeros votos religiosos consagrándome a Él y a seguir las huellas de Jesús Nazareno, como señala nuestra Constitución: "viviendo su evangelio en medio del mundo, como peregrinas y en actitud de desapropio total y como menores y hermanas de todos los hombres a quienes queremos servir hasta dar la vida si es preciso, con la humildad, disponibilidad y mansedumbre de Cristo, para ser signos vivos de su amor universal". Sin duda, a lo largo de estos veinticinco años no han faltado momentos de crisis, pruebas, dudas... , y es ahí donde nuevamente siento la mano de Dios que me sostiene y me llena de su amor, de su fuerza para seguir sirviendo a los más necesitados.

La vida religiosa, desde mi experiencia, es como una rosa muy hermosa pero siempre hay espinas que a uno le hacen doler y esto hace que uno se cuestione ¿por qué?, ¿para qué?, te genera dudas... , momento -de turbulencia, de oscuridad,... Es ahí donde uno grita como Francisco de Asís "Ilumina las tinieblas de mi corazón". Estas situaciones de dificultad han provocado momentos de enfriamiento del amor, la ilusión, la esperanza y es aquí donde otra vez siento la presencia de Dios que camina contigo. También he sentido el apoyo espiritual y moral de mi familia, particularmente de mi señora madre, una mujer llena de fe y de mucha fortaleza, quien me ha transmitido perseverancia; de la misma forma las amistades, las personas que laboran en nuestras comunidades. Ahora cada día que pasa soy consciente que Dios mi ama tal como soy, y me digo Dora "sé tú misma". Es preciso, también mencionar y agradecer al sacerdote que mi brindó su consejo, exhortación, orientación, entender el llamado del Señor.

A lo largo de los veinticinco años nunca ha faltado el abrazo de Dios. He sentido su fuerza y su ternura. Sé que no soy santa. Soy simplemente una pecadora que intenta ser mejor día en día. Con la gracia de Dios sigo adelante. Él siempre camina a mi lado. Así pues, este año me tocó celebrar con mucha gratitud e inmensa alegría la bendición de Dios en mi vida consagrada, en la víspera de la muerte de nuestro fundador.

Agradezco al Señor la vocación de estos veinticinco años de mi vida consagrada. Su presencia ha estado iluminando mi corazón. Así mismo, mi agradecimiento para mis padres que han sido escuela de amor, fe, esperanza, caridad y fortaleza; igualmente mi gratitud a mis formadoras que han sabido guiarme por el sendero del Señor. También va mí reconocimiento para las hermanas de la Congregación, que me han brindado su consejo en los momentos que necesitaba. ¡Ah! Cómo no agradecer también a muchos hermanos y hermanas laicos que me han alentado a lo largo estos 25 años de vida religiosa. Estos gestos he palpado en los lugares donde me ha enviado la obediencia compartir la vida comunitaria en distintas partes del mundo. Así, he sentido la mano de Dios guiándome y su amor transformando mi vida.

Hna. Dora Alvarez García


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno