¡QUÉ LA ESPERANZA NOS MANTEGA ALEGRES!
Nos encontramos en este Tercer Domingo de Adviento justo en el corazón de la celebración de la solemnidad del Nacimiento de Jesús. Celebración que a todos nos enternece, nos hace sentirnos más niños, más hijos, que nos hace incluso palpar a Dios como más Padre.
Es precisamente el domingo conocido tradicionalmente como el domingo de Gaudete; ésta es una expresión latina que toma nombre de la primera antífona de la Eucaristía de este domingo: ¡Alégrense!, ¡Regocíjense!, ¡exploten de gozo!... Por tanto, el sentido profundo de este domingo es de un gozo anunciado, esperado, ansiado, alegre, feliz… por la llegada de nuestro Señor, de Dios hecho Niño. La misma liturgia, pondera sobre todo esta realidad, la gran bendición, que va a significar la Navidad. La alegría de la que nos habla San Pablo en la segunda lectura: “un gozo que debe ser constante, perseverante y lleno de gratitud”, esas son las tres actitudes que debemos vivir este domingo, pues el gozo en sí mismo carecería de fundamento; es el gozo de la espera, vida que es la Navidad, dulzura que es la Navidad, esperanza nuestra que es el gozo de recibir al Salvador.
Así, el Tercer Domingo de Adviento se distingue por sus tonos contrastantes; en medio de la época de penitencia y preparación, se proclaman los anuncios de gozo y alegría. Se trata de expresar alegría porque ya se acerca el Señor, alegría que no sólo se refiere a que ya falta menos para Navidad, sino también a que cada día que pasa nos acercamos más al encuentro definitivo con el Señor, con Aquel que nos ama, que nos comprende, que nos juzga con misericordia y que quiere nuestra salvación.
Durante este tiempo de preparación Dios nos invita a esforzarnos adentrarnos nuestros corazones, apresurémonos a abrir las ventanas para limpiar nuestros interiores. Es por eso nuestras palabras y obras van de mano con la proclamación del reino de Dios y la denuncia del pecado y la opresión, deberán inspirarnos a prepararnos cuidadosamente para las celebraciones navideñas y esperar con gozo la venida de Nuestro Señor Jesucristo y la salvación de nuestras almas.
Es un gozo especial porque Dios se nos hace, cercano, Él es el Emmanuel, el Dios con nosotros, un Dios, que nos ha tomado tan en serio, que ha querido asumir nuestra naturaleza humana, ha querido mirarnos a los ojos para que nosotr@s lo veamos de abajo hacia arriba, como uno de nosotros, pequeño, lleno de ternura.
Por eso este domingo es gozo y bendición, y es el motivo también por el que adornamos nuestras casas, ambientes…etc. con la fragancia de flores, con los colores que despiertan en nosotros la alegría, y el gozo profundo, con el compartir con las familias…
Le ofrecemos nuestras vidas al Señor, en este tiempo de renovación, de esperanza y cambio que, junto con la llegada de Jesús en esta Navidad, podamos también hacer que nazca en nosotros una nueva Iglesia, fiel a la Buena Noticia, y que a través de nuestra forma de vivir y de actuar. Por eso, que el Mesías tan esperado en los tiempos, ha llegado, y que nos deja una misión a concretar con nuestras vidas, para mayor gloria de Dios.
Pero principalmente preparemos un rinconcito bien limpio y adornado en nuestros corazones para acoger a nuestro Dios hecho niño con gozo y alegría desbordante.
Como María, la salvación de Dios realizada en Jesús; como Ella, que dice FIAT ofrece el seno para que Dios la tome (Cont. 56).
Señor Jesús, eres tú a quien esperamos. Eres tú a quien anhelamos. Tu presencia en nuestra vida nos hace fuertes y consecuentes. ¡Envíanos tu luz y tu verdad!.






