En tu casa voy a celebrar la Pascua
“DESEO CELEBRAR LA PASCUA EN TU CASA CON MIS DISCÍPULOS”. Eso nos dice el Evangelio de hoy MIÉRCOLES SANTO. Toma esta frase como si Cristo la estuviera dirigiendo personalmente a ti.
Así sucedía durante los primeros siglos del cristianismo. Los cristianos se reunían para rezar y celebrar en sus casas.
La pandemia parece que nos da una tregua y por fin este año, en algunos lugares del mundo podremos celebrar la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor
El Triduo Sagrado que comenzaremos a celebrar mañana jueves Santo es por excelencia un momento litúrgico. Todo lo que hacemos, todo lo que sucede en estos tres días, independientemente de donde estemos o de lo que hagamos, la liturgia de la pasión, muerte y resurrección del Señor es en su conjunto un acto sagrado.
Pero, intentemos meternos sin liturgia en nuestra casa, en nuestra alma, en ESE LUGAR DONDE DIOS NOS HABLA. Descansemos por un momento sentados en el Monte de los Olivos, donde seguro Jesús dormía a la espera de la fiesta de la Pascua, que se celebraba en Jerusalén como recuerdo de la salida del Pueblo de Israel de Egipto.
Jesús sabía que había un traidor entre su discipulado. Sabía que Pedro lo negaría. Sabía que se quedaría solo en el Monte de los Olivos cuando viniera el Sanedrín y los romanos a por Él, pero ¡cuanta capacidad de perdón tenía mi buen Jesús! “NADIE FUE EXCLUIDO DEL CENÁCULO”, por eso, es fácil pensar que ningun@ estamos excluid@ de su morada, porque Él ha hecho morada en nosotr@s y ahí en nuestro corazón es donde celebrará la Pascua. Aunque Jesús sepa de nuestras indiferencias y traiciones que hacemos y haremos, Él habitará en nosotros como morada perpetua.
Jesús nos esperará hasta el último momento para hacernos participes de su Pasión, y de su perdón, como seguro lo hizo con Judas y con Pedro. No para que sintieran como Él las heridas y la corona de espinas, sino para que sintamos que lo único que le ata a ese bendito madero es el amor por nosotr@s. Ese es nuestro Dios, un Dios paciente y deseoso de bañarnos, no en su sangre, si no en su amor por la Humanidad.






