San José nos enseña a ser padres
San José, el humilde carpintero y esposo de María, es una figura que nos inspira profundamente. Aunque sus palabras no están registradas en los Evangelios, su vida y sus elecciones nos enseñan valiosas lecciones de fe, obediencia y amor.
Desde su primer acto de confianza en el Señor, San José emerge como un hombre extraordinario. Escuchó los vividos sueños que Dios le envió y eligió obedecer, poniendo en acción los mensajes divinos. Su papel como protector amoroso y cariñoso con María durante su embarazo es conmovedor. Cuando supo que María estaba esperando un hijo que no era suyo, decidió silenciosamente romper su compromiso. Sin embargo, Dios le habló en un sueño, y San José abrió su corazón para casarse con María y formar un hogar con ella.
Imagino a San José como un hombre trabajador, hábil y creativo. Durante la Natividad, buscó en vano un albergue para María y el Niño Jesús. Su determinación lo llevó a construir un humilde pesebre para mantener al bebé a salvo y caliente. Como esposo y padre, enfrentó desafíos y dificultades con fe y confianza.
En nuestro peregrinaje espiritual, encontramos en San José un modelo de autoridad paternal. Su amor por cada miembro de la familia, su misericordia paternal y su servicio desinteresado nos inspiran a crecer en nuestra propia vida familiar. San José vivió cuidadosamente “en las sombras”, como dice el Papa Francisco, pero su influencia trasciende el tiempo y sigue tocando nuestros corazones. En el documento "Con corazón de Padre", el Papa Francisco cierra esta carta con una hermosa reflexión en torno a ser padres:
"Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad. No para retenerlo, no para encarcelarlo, no para poseerlo, sino para hacerlo capaz de elegir, de ser libre, de salir".
La verdadera "paternidad rehúsa la tentación de vivir la vida de los hijos está siempre abierta a nuevos espacios. Cada niño lleva siempre consigo un misterio, algo inédito que sólo puede ser revelado con la ayuda de un padre que respete su libertad. Un padre que es consciente de que completa su acción educativa y de que vive plenamente su paternidad sólo cuando se ha hecho “inútil”, cuando ve que el hijo ha logrado ser autónomo y camina solo por los senderos de la vida, cuando se pone en la situación de José, que siempre supo que el Niño no era suyo, sino que simplemente había sido confiado a su cuidado".
Todos ejercemos esta hermosa misión, de ser padres, madres, de dar vida y de ayudar a que el otro sea quien está llamado a ser. Francisco termina sus reflexiones recordando que todo ejercicio de paternidad es signo de la paternidad del Padre del cielo: "Siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión, sino un “signo” que nos evoca una paternidad superior. En cierto sentido, todos nos encontramos en la condición de José: sombra del único Padre celestial, y sombra que sigue al Hijo".
Así como San José escuchó y obedeció, también nosotros podemos aprender a discernir la voluntad de Dios en nuestras vidas y a actuar con fe y esperanza. ¡Qué su ejemplo nos guíe en la construcción del Reino de Dios aquí en la Tierra!
¡Feliz Día de San José, felicidades a todos los padres y felicidades a todos los José, Josefina, Josefa, Pepe, Pepita, Pepita...!





