RESPIRANDO A DIOS


Bien sabido es que la tercera persona de la Santísima Trinidad se llama ESPIRITU SANTO, pero ese nombre es una traducción latina. El verdadero nombre de pila es RUAH, y con ese nombre y desde la primera página de la Biblia hasta sus primeros destinatarios, los profetas y los salmistas, la RUAH, está moviéndose y creando.

Se ha movido para interpretar sueños, componer salmos, edificar templos, pero, sobre todo, creó sacramentos que nos sumergen en el maravilloso mundo de un Dios de vida.

Ruah, que se pronuncia con una leve carraspera, significa espacio atmosférico entre el cielo y la tierra. Este espacio es vida, pero puede ser sereno o agitado, silencioso o armando bulla, como dijo el Papa Francisco en la última JMJ, pero, sobre todo, es un regalo del Padre para quienes quieran servirle, haciendo corazones generosos y por encima de todo creativos.

Que no se nos olvide, que recibe también un nombre lleno de intimidad: ESPIRITU CONSOLADOR, porque es gracias al Espíritu cuando la realidad tiene intimidad, según dice José Cristo Rey García Paredes.

Dentro de nosotr@s hay un lugar intocable para el resto del mundo donde Dios nos espera, y es la Ruah, cuando sopla, la que nos conduce a esa intimidad con Dios.

La Ruah nos hace conscientes de la realidad, haciendo que veamos la esencia de las cosas, y de las personas. Un soplo, un aliento de Dios transforma nuestras vidas. Por eso, no solo es su aliento, es mucho más que un instante de aire, es un baño del Espíritu del Creador con el que unge a la Humanidad.

Hay un pequeño detalle que no sería bueno pasar por alto. La RUAH es femenino, por eso hay quien se atreve a decir que es la fuerza dinámica y femenina de Dios, porque no hay que negar, que abraza, cobija, pero, principalmente, da vida fecunda y abundante.

Masculino o femenino, te invoco para que respires en mis respiros, para que te muevas en mis movimientos y palpites en mis latidos, porque es cuando me soplas cuando ocupas el espacio que me une al Cielo.


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno