Juan, el último profeta


San Juan Bautista fue el último profeta del Antiguo Testamento, pero pese a lo que lo identifica, “profeta del desierto”, es difícil creerlo y no es precisamente lo que debemos aprender de Él.

Este profeta, precursor de Jesús, hacía mucha bulla. Seguramente acudía al desierto para escuchar a Dios, y qué fuerza le daría esa oración para poder gritar la verdad, sobre todo, a los poderosos, que tanto les incomodaba escucharla.

Con su voz preparó a un pueblo para reconocer al hijo del Altísimo. Su misión nos llenó de ruido el corazón, no sin dejar atrás lo que dice Benedicto XVI: “La verdad no se negocia”.

Ahora deberíamos de preguntarnos, en nuestra sociedad actual, si los cristianos en nuestro dialogo con Dios negociamos con esa verdad, porque está claro que hemos dejado de gritar las verdades que incomodan y que proclamamos de carrerilla en nuestras iglesias. A la vista está que nos hemos instalado en nuestra zona de confort, teniendo como excusa que la oración es lo más importante, “que lo es por supuesto”, pero San Juan Bautista, pese a que pasaba largas temporadas en el desierto, comiendo no precisamente manjares, nunca dejó de gritar y actuar, no solo por la verdad que predicaba sino porque él se sabía elegido por Dios, y, al contrario que el cristiano de ahora, tenía conciencia de su misión. Ingrediente que le falta al cristiano acomodado y que huye de la lucha, cubierto por lo que realmente nos aleja de Dios, EL MIEDO.

¡Cuántos Juanes necesita nuestra sociedad! Quizás si en nuestra oración ahondáramos en la identificación de nuestra misión, dejar nuestros programas personales, menguar para que Él crezca como hizo el Bautista, si tuviéramos la experiencia de Dios en nuestra oración saldría nuestro grito, “Porque ay de mí si no lo hago” que decía el Profeta Jeremías, quizás no hay suficiente de Él para que se note la diferencia.

ÉL NOS MANDÓ DAR TESTIMONIO, PERO NO AL DESIERTO, NOS MANDÓ CAMBIAR EL MUNDO, Y NO SENTARNOS A ESPERAR A QUE CAMBIE, PORQUE, COMO ELEGID@S, DEBERÍAMOS SABER QUE PODEMOS HACERLO.

 


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno