Santiago, amigo de Jesús y peregrino


Santiago Apóstol, Santiago “el Mayor”, Santiago Matamoros, “¡Por Santiago y cierra, España!”, Patrón de España,…

y seguro que tenemos un montón de nombres más para este amigo de Jesús. Hoy es una figura compleja y algunas de sus advocaciones nos ponen los pelos de punta. Pensar en la imagen de “Santiago Matamoros” se hace difícil en una sociedad que busca la integración y la solidaridad entre las naciones, y que tiene la vida como un valor sagrado y fundamental.

Poco sabemos de la figura histórica de este Apóstol. Era pescador, hijo del Zebedeo, y por tanto, hermano de Juan. Ambos protagonizan una de las escenas del Evangelio más conocidas: la de la madre pidiendo los mejores puestos para ellos. Fue uno de las cuatro primeras personas a las que Jesús llamó a seguirle (Pedro, Andrés, Santiago y Juan). Y estuvo presente en los grandes acontecimientos de la vida de Jesús: la Transfiguración y la oración en el Huerto de los Olivos.

Según una tradición, viajó a los confines del Imperio Romano para predicar el Evangelio. Según otra tradición, tras su muerte, en Jerusalén, dos de sus discípulos lo trajeron aquí, a lo que hoy es España, a enterrar, en un lugar escondido, que siglos después sería descubierto por unas luces brillantes. Difícil distinguir lo que hay de cierto en estas tradiciones. Aunque a lo mejor eso no es tan importante como los efectos de esas tradiciones: el camino de Santiago. Una vía, un camino, que a la luz de las estrellas (la Vía Láctea), nos lleva a un campo de estrellas (Compostela) y no deja a nadie indiferente. Hacer el Camino de Santiago es una experiencia vital.

Estas palabras del papa Benedicto XVI expresan muy bien lo que queremos decir: “Por consiguiente, de Santiago podemos aprender muchas cosas: la prontitud para acoger la llamada del Señor incluso cuando nos pide que dejemos la “barca” de nuestras seguridades humanas, el entusiasmo al seguirlo por los caminos que él nos señala más allá de nuestra presunción ilusoria, la disponibilidad para dar testimonio de él con valentía, si fuera necesario hasta el sacrificio supremo de la vida. Así, Santiago el Mayor se nos presenta como ejemplo elocuente de adhesión generosa a Cristo. Él, que al inicio había pedido, a través de su madre, sentarse con su hermano junto al Maestro en su reino, fue precisamente el primero en beber el cáliz de la pasión, en compartir con los Apóstoles el martirio» (Benedicto XVI, Audiencia general, miércoles 21 de junio de 2006).

 


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno