La primera santa americana, Santa Rosa de Lima


PERÚ, TIERRA DE SANTXS

Nuestras hermanas peruanas Hospitalarias de Jesús Nazareno Franciscanas, recuerdan hoy la grandeza de Rosa de Lima, mujer de profunda sensibilidad a favor de quienes más sufren.

Os invitamos a reflexionar sobre la vida de Rosa de Lima.

  • Cuál fue el secreto de la vida de santa Rosa de Lima. 
  • Porqué después de siglos de su muerte la seguimos recordando y celebrando. 
  • Porqué los poderosos de su tiempo han pasado y nadie se acuerda de ellos, hasta nos hemos olvidado sus nombres, en cambio su memoria y sus virtudes de Rosa aún continúan.

En las lecturas que nos presenta la Iglesia en este día, encontramos dos secretos de la vida de Santa Rosa, que si nosotrxs los asumimos como nuestros nos hacen grandes como a ella.

  • “Hazte pequeño en las grandezas humanas, y alcanzarás el favor de Dios; porque es grande la misericordia de Dios, y revela sus secretos a los humildes” (eclo. 3, 17-24).

Rosa de Lima era una mujer sencilla, sin complejos de grandeza, gozaba de las cosas sencillas de la vida, cultivaba en su corazón un gran amor a Dios y al prójimo; era mujer delicada en el trato con los que se acercaban a ella, supo comprender que el hacer bien las cosas desde Dios todos los días, significaba hacerlo con amor y responsabilidad. Entonces el primer secreto es vivir con sencillez en lo cotidiano, con amor y con responsabilidad.

  • “Todo lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por Él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo, y existir en él, no con una justicia mía de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios, y se apoya en la fe” (Filp. 3, 8-14).

Así es la vida de Rosa de Lima, vivir y experimentar el conocimiento de Cristo. Se enamoró de Jesucristo y Jesucristo hizo de ella una mujer grande. No fue el poder, la grandeza, o la belleza que ella tenía, si no la belleza de su corazón, la que hizo que llegara a ser lo que es. Para ella Jesús, es el centro de su vida. “Señor Jesús, lo que tú quieras eso es lo que voy a ser”.

Ella comprendió que Jesús le pedía que dedicara su vida a esas personas necesitadas de aquel tiempo. Este es el segundo secreto de Rosa, que la verdadera riqueza del hombre, no está en el dinero, en el poder, no está en las cosas materiales, sino en asumir la vida con amor y responsabilidad. Es decir, poner a Dios en el centro de nuestra propia vida.

De la misma manera Dios, purificó, alimentó, encaminó y encomendó a nuestro Padre Cristóbal, como buen hijo del Nazareno, su entrega a los demás y él supo asumir la realidad y convertirla en expresión de los cristos sufrientes; solo así podemos ser caridad Hospitalaria, si nos identificamos con los Cristos sufrientes de nuestro tiempo.

Hoy ofrecemos nuestra oración por todas las que llevan el nombre de Rosa, para que por su intercesión sean escuchadas sus súplicas.


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno