“Abre tu boca, juzga con justicia, y defiende los derechos del afligido y del necesitado” Proverbios 31.9
Hoy 20 de febrero es catalogado como Día Mundial de la Justicia Social. Va encaminada a erradicar la pobreza y promover el empleo pleno y el trabajo decente, la igualdad entre sexos, razas, credo, generaciones y el “acceso al bienestar social y la justicia social para tod@s”.
Es un objetivo mundial, que cada año se ve inalcanzable, donde el bienestar es sólo para pocos…la ley del embudo. Hoy en día hay un gran abismo, donde millones de personas luchan por subsistir; la situación del trabajo, que ya afrontaba múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de empresas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables, muchos de aquellos que desarrollaban servicios esenciales permanecen ocultos a la conciencia pública y política a la vista de nuestros ojos; la educación a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos; especialmente en América, se ha perdido dos años en el anonimato de clases virtuales. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas. El impacto de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta a los trabajadores migrantes, ha sido particularmente devastador, sin ser reconocidos por las leyes nacionales, es como que no existieran, al igual que nuestra casa común, que está siendo explotada y herida. Lo descrito es parte de la realidad de nuestro tiempo ¡Qué hacer¡ Ante la injusticia, desigualdad, la pobreza... continúa siendo un reto para el cristiano, por ello hoy es tiempo para poner la fe en acción, escuchar el clamor de los menos favorecidos y devolverles su dignidad.
Jesucristo vino a sanar los corazones (“Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y una Buena nueva llega a los pobres”, Mt.11,5). Vino a traer una vida en abundancia y como regla de vida hacer el bien; ejemplo que siguió San Francisco de Asis y dio a sus hermanos y contemporáneos, un mensaje sin par de cómo se puede ser pregonero del Evangelio de palabra y obra, mediante un compromiso en el ámbito de la justicia, la paz social y la salvaguarda de la creación como parte integral de la espiritualidad Franciscana; que fascinó hace 349 años a un hombre llamado Cristóbal de Santa Catalina, quien valientemente juzgó con justicia a su generación defendiendo los derechos del afligido y del necesitado, entregando su vida para la pública utilidad, pues teniendo noticia de las graves necesidades que padecían muchas mujeres. Bajó a Córdoba y buscando lugares donde formar recogimiento y enfermería para dichas pobres, encontró con la Casa de Jesús para tender los brazos a la misericordia para con los afligidos, recorriendo calles y casas buscando a los pobres dando origen a la obra del Hospital de Jesús.
Y así, mediante una vida de virtud y testimonio, se fue convirtiendo el P. Cristóbal en una valla fuerte donde cargasen enlazadas otras piedras de hermanos y hermanas, formando aquella caritativa y ejemplar Fraternidad que ha llegado hasta nuestros días, vivenciando el legado Hospitalario de su Caridad Heroica, gastan su vida en la lucha por la dignidad; por ello llaman a tu puerta tal como hizo su fundador Padre Cristóbal e invitan a ser parte activa de la rehabilitación y la sanación de las sociedades heridas; no podemos ser indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede al costado de la vida. Esto indigna y quita la serenidad… ¡existe muchísimo sufrimiento! Tenemos una gran oportunidad de recomenzar y responsabilizarnos por el cuidado de nuestro hermano - hermana, y así construir el Reino de Justicia, confiados y confiadas en la verdadera riqueza: LA PROVIDENCIA DE DIOS, QUIEN SABE ABRIR SUS MANOS CUANDO LAS NECESIDADES APRIETAN.






