LA PAZ, HERENCIA FRANCISCANA
El 1 de enero marca el inicio de un nuevo año, un tiempo de renovación y esperanza. En la tradición católica, también celebramos en esta fecha la Solemnidad de María, Madre de Dios. Pero somos los franciscanos y franciscanas los herederos de esa responsabilidad para con el mundo.
Los franciscanos llevamos esta jornada mundial de la Paz muy en el corazón, incluso en nuestro saludo franciscano “PAZ Y BIEN” decimos muy orgullosos los franciscanos, incluso hay países que la tradición tiene una contestación muy significativa: “SANTA ALEGRIA” de esta manera unimos la paz, a la alegría, como si de un regalo salido desde el alma franciscana diéramos a toda la humanidad.
La paz, es un don Divino y una responsabilidad humana, y como enseña la Iglesia, es más que la ausencia de guerra; es una plenitud de vida que brota de la justicia y la caridad. San Pablo VI, quien instauró la Jornada Mundial de la Paz en 1968, lo hizo pensando en nuestro Poverello de Asís, quien lo dejó como una responsabilidad para todo católico, y una obligación para todo franciscano.
De ahí que nuestra Congregación como FRANCISCANAS consideremos que “la paz es el único y verdadero camino del progreso humano”. Este mensaje resuena hoy con más urgencia que nunca.
Jesucristo, el Príncipe de la Paz, nos recuerda que la paz comienza en el corazón de cada persona. En el Evangelio, él dice: “Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5:9). Este llamado no es opcional; es una misión que nos compromete a vivir en reconciliación con Dios, con los demás y con la creación, como lo hizo San Francisco de Asís
El Papa Francisco, un declarado franciscano por vocación, nos invita continuamente a promover una “cultura del encuentro”. Esto implica abrirnos al diálogo, buscar la justicia y practicar la solidaridad, como lo ha hecho en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 2025 que tiene como lema: “PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS, Y CONCEDENOS LA PAZ”,
Como católicos, y como franciscanas, estamos llamadas a ser testigos activos de paz, empezando por pequeños gestos cotidianos: perdonar, servir, escuchar y amar sin condiciones. También debemos abogar por los derechos de los más vulnerables y trabajar por un orden social que refleje los valores del Evangelio.
En María, “Reina de la Paz”, encontramos un modelo perfecto de paz. Su “sí” a Dios trajo al mundo al Salvador, fuente de verdadera de paz y de perdón. Su corazón, lleno de fe y humildad, nos inspira a confiar en la Providencia divina incluso en los momentos de incertidumbre.
Oración por la Paz Mundial
Señor, Dios de la paz y del perdón, en este nuevo año te pedimos que renueves nuestros corazones con tu amor y nos hagas instrumentos de tu paz. Ayúdanos a construir puentes de reconciliación y a sembrar esperanza en un mundo herido. Bajo la protección de María, Reina de la Paz, guían nuestras acciones para que sean signo de tu Reino. AMEN






