LA PORCION DE CIELO


Y así empezó todo: “EN LA PORCIUNCULA”.

Decía San Francisco de Asís que los hermanos que allí vivieran tenían que ser más virtuosos, porque estaban en esa porción del cielo en la tierra.

Que empeño tenía Francisco en que la virtud estuviera unido a nuestra capacidad de perdonar, pero sobro todo a pedir perdón al que nos ama tanto.

Mucho trabajo le costó al “Poverello” que Honorio III le concediera la autorización eclesial para que todo aquel que visitara la Porciúncula tuviera indulgencia plenaria.

Pero es curioso que en la actualidad esa porción del cielo es Patrimonio de la Humanidad, “que es cosa grande”, que albergó a la primera Orden de Hermanos “MENORES”, que pretendían ser pequeños y que los fieles la visiten buscando humildemente el perdón en 250 cm de alto por 190cm de ancho, por lo tanto ¿Cuál es el verdadero Patrimonio de la Humanidad?

Francisco, el otro Cristo se empeñó en dejarnos un lugar donde recibiéramos el mayor de los regalos para la humanidad de parte del Señor del mundo, “EL PERDÓN”, ese es el verdadero Patrimonio de la Humanidad, que en todas las iglesias Franciscanas se pudiera obtener el “Perdón de Asís”.

El Perdón de las Rosas no está en ningún documento escrito, cuando el Papa accedió a su petición que ya le había pedido previamente a Nuestra Señora, y a Jesús en una de sus apariciones en la Porciúncula, Francisco le contestó:Si Dios quiere esta indulgencia, él mismo ya lo manifestará si fuere necesario; que, por lo que me toca, la Virgen María es mi diploma, Cristo es mi notario y los santos Ángeles son mis testigos”.

 

Francisco corrió a la Porciúncula gritando “hermanos, quiero enviarlos a todos al paraíso”. A partir de entonces desde el mediodía del 1 de agosto hasta la medianoche del 2 del mismo mes y “para quien ore con corazón devoto, obtendrá lo que pida” 1 Cel 106.

Que bien lo expresó San Agustín: “Si quieres que Dios ignore tus pecados, sé tú quien los reconozca” y “que tus pecados te tengan a ti como Juez y no como defensor”, ese el principio de una INDULGENCIA.

Señor con tu perdón y tu misericordia, abre ese trocito de cielo en mi alma, porque si tengo tu perdón seré instrumento de paz, y si tengo tu amor, conquistaré el cielo.

 


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno