Revista Esportilla 137


Mayo 2018

EDITORIAL

Mayo. María, la de Nazaret, la madre de Jesús y nuestra. Imposible no tenerla presente en este número de Esportilla. Un grupo de amigos comentábamos la última exhortación del Papa Francisco. Teníamos la impresión unánime de la oportunidad del escrito en nuestra sociedad a veces light y con pocas metas. Pero, cuando quisimos aterrizar a nuestra vida concreta, más de tres exclamamos: “¡yo santo, eso no es para mí, me viene demasiado grande tal proyecto!” Ya sola volví a rememorar la charla. ¡Eso no es para mí...! Caí en la cuenta de mi insensatez. Soy creyente y se me olvida que Jesús de Nazaret nos apremia a ser santos y que está dicho para todos. Fue entonces cuando
María se puso en primer plano. Me parece tan cercana, tan sencilla y, a la vez, tan feliz, que me detuve. Me ensancha el corazón mirarla como mujer de un pueblo, joven y soñadora, madre volcada en su retoño, andariega por Galilea y Judea siguiendo a su Hijo, junto a Él en el momento más trágico, compañera esperanzada de sus seguidores, exultante tras la Resurrección. Sí, como una de nosotros, viajera por la vida con el corazón grande en el que cabemos todos. Santa, como quería su Hijo, y humana como yo. Es esa la santidad a la que se nos invita. La de los pequeños grandes gestos en la vida diaria. Palabra que pacifica, sonrisa que alegra, cercanía que calienta, ojos abiertos, mano tendida, escucha afectuosa. Delicadeza y pequeños detalles.

Y, además, no le asustan las utopías. Está firmemente convencida de que Dios está con nosotros y puede realizar lo imposible. Está de parte de los que no importan a nadie para regalarles cuanto necesitan y a los grandes les hace caer en la cuenta de la vaciedad de sus grandezas. María sabe que Dios es fiel a lo que promete y puede ponerse en El toda la confianza. Y, por todo eso, vive alegre y esperanzada. Vive y hace vivir. Y eso es lo que yo deseo. Y, por lo mismo, ¡ser santa/o sí que es para mí!


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno