Revista Esportilla 133


Diciembre 2016

EDITORIAL

Diciembre, enero. Navidad, familia de Nazaret, casa común, sínodo de la familia,... Todo, por estas fechas, sabe a hogar, calor y cercanía. Este año, además, la publicación de la Carta “Laudato si” del Papa Francisco como que ha profundizado este sentido de comunión cósmica. Necesitamos sí, cuidar con mimo la casa común, y esto no es opcional, sino vitalmente relevante. Cuidar esta casa es tarea que compartimos todos los hombres, también con las generaciones futuras. Y la convicción de haber recibido este regalo de Dios, hace que nada de este mundo nos resulte indiferente, porque todas las criaturas son reflejo de la sabiduría y bondad de Dios.

Y, las personas somos parte del gran regalo de la creación. El ser más querido y especial para Dios, que quiere que viva plenamente y sea feliz. De ahí, la profunda incoherencia cuando nos preocupamos por la naturaleza y descuidamos la calidad de la vida humana. Mientras vivimos con profundidad y gozo la Navidad, celebrando que Dios se hizo hombre y habita entre nosotros, estamos gustando una bella intuición: “La persona, cada persona, es el mejor regalo”. Desde el niño más indefenso hasta el enfermo que casi desespera, pasando por las graves limitaciones que todos vivimos personalmente en algún momento,... cada persona somos un regalo. Esta certeza viene a sugerirnos una prioridad común para el año que pronto estrenaremos: CADA PERSONA ES EL MEJOR REGALO, TAMBIÉN YO SOY EL MEJOR REGALO. Será como un lema que podemos compartir, especialmente los más vinculados a la Familia Nazarena. Esta convicción podrá ser verificada en sencillos gestos cotidianos con los que rompamos la lógica de la violencia, del aprovechamiento y del egoísmo. Cuando pasemos del slogan del usar y tirar y nos opongamos al modelo del descarte, que trata al otro ser humano y al ambiente en actitud de dominio, en cualquiera de sus formas.


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno