Sábado Santo, la certeza de María


Quién ha leído los Evangelios seguramente se habrá dado cuenta, que María no aparece en la pasión, solo en el Evangelio de Juan al pie de la cruz, cuando Jesús le entrega a María a su hijo en la persona de Juan, lo que hacen el resto de los evangelios es una alusión de que María estaba allí.

Pero como no pensar que cuando apresaron a Jesús, María seguro que estaba en la puerta como lo estaba Pedro a la espera de noticias, o a la mañana siguiente, en la entrada del palacio de Pilatos o entre la multitud que gritaba eligiendo a Barrabas.

Inimaginable el sufrimiento cuando recorría las calles de Jerusalén y caída tras caída veía el rostro de su hijo desfigurado por los golpes, subiendo al Monte de la Calavera, seguramente no solo un puñal atravesaba su corazón, sus heridas y sus caídas también eran las de María.

Que no se nos olvide que María cuando quedó embarazada tenía sus sueños, ideas, historias, pero también sus limitaciones, como tú y como yo, que sentirá dudas cuando llevando el hijo de Dios en sus entrañas, eran todas calamidades y penurias, que la persecución y el exilio era su único camino.

Como imaginar durante treinta años sus oraciones sin caer en la bien aprendida perfección con la que pensamos en María, pero que nos pierde la mirada de una realidad casi palpable de su humanidad.

Esa realidad es que cuando sufrimos, buscamos a Dios, pero como no preguntarse: ¿ En el sufrimiento está el silencio o la ausencia de Dios?.

Cuantas veces se lo preguntaría el pueblo de Israel en el desierto, o María cuando la agonía de Jesús duró casi tres horas, o nosotros en los sufrimientos inexplicables.

Pero aquí está la esclava del Señor, la “MAESTRA DE DOLORES”, toma la actitud de ser consciente del sufrimiento de su hijo, pero la esperanza y la certeza, de que Dios tenía el mejor de los planes, como los tiene para nosotros, porque el final no es morir, si no resucitar.

El principio de la Historia de nuestro Jesucristo no está en Belén y el final en la cruz, todo lo contrario “EN LA CRUZ ESTÁ NUESTRO PRINCIPIO, Y NO HAY UN FINAL PARA UNA HISTORIA QUE ES ETERNA”.

 


Congregación de Hermanas Hospitalarias de Jesús Nazareno